Convivir significa “vivir con otros” y aprender a estar “con otros” no es tarea sencilla. La idea de crear un “espacio de convivencia” fue justamente esta: generar un ambiente facilitador para que esas dificultades puedan desplegarse. Es decir, habilitar un espacio para que niños y niñas se expresen y sus palabras sean recogidas desde una escucha respetuosa.

Así, los profesionales del Centro de Psicología Poblenou junto con el equipo docente de la Escola Fluvià, nos pusimos a trabajar conjuntamente para que estas dificultades se pusieran en juego.

“Me cuesta perdonar a las personas que me han herido”, “Me cuesta aceptar los cambios que suceden en mi vida”, “Me cuesta decir mi opinión porque me da vergüenza”, “Me cuesta decir que no para no decepcionar”, fueron las frases que más resonaron y a partir de las cuales nos pusimos manos a la obra. Se crearon cuatro talleres a los que se fueron apuntando niños y niñas guiados por su interés, en algunos casos por sugerencia de su tutor/tutora. A través de los caldeamientos y dinámicas grupales, en cada taller, las inquietudes y miedos pudieron ser representadas.

Transmitimos la idea que la palabra simboliza una rosa a quien hay que cuidar, respetar, regar, aunque en  ocasiones sus espinas pueden hacernos daño. Todos los integrantes fueron incorporando la idea que al Grupo de Convivencia venían a escuchar, hablar y aprender. Y que para tomar la palabra, habrían de tener la rosa en mano. La figura del buzón de las heridas, de la vergüenza, de los miedos, de los límites, tenía la función recoger las inquietudes que eran leídas por el equipo para luego ser trabajadas en los momentos de cierre. Cada encuentro finalizaba con un regalo: un cuento, una canción, un poema y algunas pistas que funcionarán de brújula en el camino a seguir.

Uno de los temas que se hizo presente en cada una de las sesiones fue el tema de ser aceptado por los otros, el miedo a no agradar a los demás, a perder su amor. Fue a partir de recoger esta inquietud, que montamos una “charla de expertos” titulada “Los otros y yo”. El filósofo de nuestro equipo, les contó a los niños y niñas, como esta pregunta es una pregunta que existe en la filosofía desde hace muchos años. También a través de un video, mostramos como determinado uso de la tecnología puede potenciar miedo e inseguridades,  en una edad en donde los límites entre lo público y la privado, lo íntimo, no parecen estar del todo claros.

Hubo muchos momentos emotivos. Por ejemplo, en una sesión donde se habló del miedo a crecer, a hacerse grandes, del miedo a la muerte y cómo crecer también es morir un poco. Llegamos entre todos a la conclusión de que estamos atravesados por ese riesgo. “ Carpe Diem!” gritó un niño, y lo plasmó como un grafiti.

En el grupo de convivencia se hizo visible el trabajo que la escuela realiza para habilitar que los niños y niñas  se expresen y verbalicen sus emociones. En el equipo también tuvimos que aprender a convivir profesionales de distintas disciplinas. Esta experiencia nos ha enseñado que con escucha y con respeto, esa diferencia puede funcionar como  un valor añadido para crear y para crecer como personas.

Hasta aquí nuestro primer año de aventura del grupo de convivencia que no ha hecho nada más que empezar.

Texto

Anna Boschan, Celeste Reyna, Hebe Ruesjas i Diego Vernazza [equipo de professionales del Centro de Psicologia de Poblenou] i Eva Merino [mestra de l'escola Fluvià]